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Entrevista

Marco Bermúdez, 15 años: diseña puentes con IA y reúne a los jóvenes que emprenden

Con 8 años entró en una escuela de emprendimiento. Hoy, con 15, tiene una startup de IA y organiza un evento para 400 estudiantes.

Por Daniel Alfaro Prieto

. Lectura de 6 min

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En este artículo

    Tiene 15 años, estudia 4.º de la ESO, juega a baloncesto y dirige dos proyectos a la vez: una startup que usa inteligencia artificial para diseñar puentes y una comunidad de jóvenes emprendedores que el 16 de noviembre organiza su primer gran evento. Marco Bermúdez es la primera portada de Primer Impulso, y no podía haber un comienzo mejor.

    Mira la entrevista completa en vídeo o ábrela en YouTube.
    Edad
    15 años, en 4.º de la ESO
    Startup
    Smart Bridge: diseño de puentes con IA
    Comunidad
    The Young Founders Club
    Próximo evento
    The Young Founders Summit, 16 de noviembre

    Quién es Marco Bermúdez

    Marco está construyendo dos proyectos. El primero es Smart Bridge, un software que ayuda a los ingenieros a diseñar puentes con inteligencia artificial. Lo desarrolla junto a un doctor ingeniero estructural con 30 años de experiencia en el sector, y ahora mismo están probando la versión beta de forma interna antes de sacarla al mercado.

    El segundo es The Young Founders Club, una comunidad de emprendedores menores de 20 años que fundó con Miquel Gómez. En unos ocho meses han reunido a unos 40 miembros, y el 16 de noviembre celebran The Young Founders Summit: por la mañana, 400 estudiantes para despertar la mentalidad emprendedora; por la tarde, networking, formación y mesas redondas para empresarios y emprendedores.

    Es súper importante poner en valor a los jóvenes emprendedores, a los jóvenes que hacemos cosas.

    Los inicios: emprender con 8 años

    Todo empezó en Genius School, una escuela de emprendimiento extraescolar a la que le apuntaron sus padres cuando tenía 8 años. Iba los sábados por la mañana y allí aprendió a crear su propio proyecto y a analizar la competencia. Siete años después, sigue yendo.

    No hubo un flechazo inicial con los negocios, cuenta. Lo que le enganchó fue poder canalizar algo que ya tenía: la curiosidad. «Sigo siendo un chaval súper curioso, que siempre busca problemas que solucionar», explica. Y le encantó la forma de aprender: nada de teoría y deberes, sino trabajar en tu propio proyecto.

    Tres proyectos antes del primer éxito

    Su primera idea fue Marbotz, robots humanoides con inteligencia artificial para ayudar a personas mayores. No salió adelante: «Tenía la idea, pero no tenía ni idea de robótica, ni contactos, ni experiencia». Aun así, le enseñó lo que significa tener mentalidad emprendedora.

    Después llegó Mercamaps, un «Google Maps para supermercados» que se le ocurrió un día que no encontraba un producto haciendo la compra con su padre. Durante cerca de año y medio recorrieron España buscando 30.000 euros para desarrollarlo. No los consiguieron, pero Marco se llevó una lección enorme: el poder de la oratoria, de hacer contactos y de saber hablar.

    El tercero, 3Dimensional, fue el primero en facturar. Empezó haciendo llaveros con impresión 3D para familiares y amigos y acabó trabajando para empresas y eventos: trofeos para competiciones y letreros LED, como el logotipo que un podcast tenía en la mesa mientras grababa.

    Cómo gestionar que un proyecto no salga

    Con 8 o 9 años, reconoce, no era muy consciente de los fracasos: «Era como: bueno, esto no ha salido, hago otro proyecto». Ha sido en los últimos meses cuando se ha parado a analizar por qué no funcionaron, y se ha dado cuenta de todo lo que había aprendido sin saberlo.

    Hoy lo tiene claro: cuando algo sale mal, toca entender qué has hecho mal, por qué y cómo puedes hacerlo mejor. Lo aplica a todo, también cuando sube un vídeo y no tiene la repercusión que esperaba.

    El primer dinero: una cena con sus padres

    ¿Qué se siente al ver que tu proyecto casero empieza a facturar siendo tan joven? «Obviamente mola, no te voy a mentir», dice entre risas. Con lo primero que cobró, unos 100 euros, invitó a sus padres a cenar.

    Pero insiste en que nunca lo hizo por el dinero, y que lo importante es no perder la humildad. Lo resume con una frase que repite Pedro Carrillo, CEO de Genius School:

    Hay que tener los pies en la tierra y la mente en el cielo.

    El «efecto Tetris»: estudios, empresas y baloncesto

    ¿Cómo compagina la ESO, dos proyectos, el baloncesto y los amigos? Marco lo explica con una imagen: su día es la cuadrícula del Tetris y cada tarea es una pieza que va cayendo. Si mañana hay examen, caen más piezas de estudio; si hay reuniones, caen más de trabajo. Y con el evento a 40 días, ahora caen muchas de trabajo.

    Eso sí, sin dejar de ser lo que es: «No quiero dejar de ser un chaval de 15 años, que es lo que soy más allá de ser emprendedor». Aunque a veces cuesta: hace poco sus amigos fueron al cine y él no pudo ir porque tenía una reunión.

    Smart Bridge, explicado fácil

    Cuando un ingeniero recibe un proyecto, tiene que decidir cómo será el puente: dónde poner las vigas y los apoyos, cuántos carriles, si lleva cables… Probar opciones a alguien con experiencia media le puede llevar dos jornadas de trabajo, un coste enorme para las empresas.

    Con Smart Bridge, el ingeniero rellena una tabla con los datos del terreno y de lo que necesita (carriles, clima, si pasa un río por debajo) y el software le propone el mejor puente. La clave está en los datos: el sistema se alimenta de la experiencia real de la ingeniería de su socio, «así que no es como preguntarle a ChatGPT».

    Lo que le falta al instituto

    Para Marco, falta implantar la mentalidad emprendedora en las aulas. Y no solo para montar empresas: «Te va a servir para organizarte en tus estudios, para liderar un equipo de clase o para pensar nuevas ideas cuando estés trabajando». Recuerda que la ley educativa actual, la LOMLOE, incluye la competencia emprendedora, pero que en la mayoría de centros no se trabaja.

    Por eso la mañana del Young Founders Summit está pensada para estudiantes: para que vean que emprender es una alternativa real, «que no hace falta que tus padres tengan millones ni ser súper listo».

    ¿Universidad o mercado?

    Marco quiere ir a la universidad y, sobre todo, no dejar de formarse nunca. Durante la ESO ha hecho cuatro cursos además de sus estudios: dos de programación, uno de presentaciones en inglés y otro de emprendimiento. «Creo que el problema no es que los jóvenes no quieran hacer una carrera, sino que no se quieran formar».

    La pregunta sorpresa: ¿dejar de estudiar por el dropshipping?

    Muchos chavales se lanzan al dropshipping después de ver vídeos de gente en Miami o en un ático en Dubái, y a los seis meses lo dejan. Su consejo: cada uno decide su camino, pero si te metes en el emprendimiento, métete en serio. Y aunque dejes los estudios, sigue formándote en marketing, en liderar equipos, en inteligencia artificial… «No para decir que eres muy culto, sino porque te va a ayudar».

    Su mensaje para quien todavía no se atreve

    Si alguien que todavía no es emprendedor ve esta entrevista: que se atreva a emprender.